Prisión y Bruce Nauman. EAC de Montevideo + Pasado/Presente en Telefónica
por Juan Batalla
 
       
 

Es una percepción común y tranquilizadora entre quienes la visitamos periódicamente que Montevideo es una capital en cierta medida estable, continua. Aunque esta visión es desafiada por acontecimientos como la inauguración de la formidable y flamante terminal aérea diseñada por Rafael Vignoly y ahora la apertura del EAC, el Espacio de Arte Contemporáneo, que ocupa estructuras de lo que fue la cárcel de Miguelete.
Por lo tanto nos encontramos ante el desafío de la reconversión, a manos del arte, de un espacio de alta carga emotiva y simbólica: la prisión. Es algo complicado lo que entonces sucede. Miguelete funcionó entre 1888 y 1990. Y es tal la intensidad de la sugerencia que el pasado alimenta, que resulta una ineludible disyuntiva para los artistas que allí exponen trabajar en función de él o hacerlo sin establecer una relación demasiado directa, lo cual también, aunque a través de la negación, termina resultando en lecturas posibles a la luz del rasgo icónico que el sitio posee. Pensada como acontecimiento único y singular, una experiencia artística en un lugar así es, por supuesto, interesantísima. Pero proyectado este perfil a través de una programación continua habrá que ver si el ámbito no se prueba excesivamente protagónico.
Los diferentes espacios de exhibición del EAC son antiguas celdas reconvertidas, en casi todos los casos, en microespacios aptos para la experimentación. Han sido concedidos, en esta primera muestra, a artistas seleccionados tras presentar proyectos, al igual que el cargo de director que fue otorgado mediante concurso abierto. En segunda instancia, el EAC recibirá la mega muestra Post-it City que comentábamos en http://www.revistasauna.com.ar/01_01/05.html.
Destacan varias propuestas aquí. “Cómo sos tan lindo”, de Paula Delgado, es una videoinstalación in progress, ya exhibida en Buenos Aires y otras ciudades. Muestra a hombres que respondieron a un aviso publicado en distintas ciudades que pedía “hombres atractivos” para un casting. A aquellos que se presentaron, Paula los invitó a explicar porqué se consideran a sí mismos atractivos y cuáles son, según ellos, los parámetros para medir la belleza masculina. El trabajo es certero y desestructurante.
En una sala dedicada a algunas obras patrimoniales de la Dirección de Cultura que ahora pasan a conformar el incipiente patrimonio del EAC, encontramos obras de una camada de artistas mujeres muy interesantes que tiene Uruguay. Si la elección generacional de Clio Bugel parece acertada, es sin duda un concepto curatorial perimido el del agrupamiento de artistas por género, aunque asombrosamente pervive y, fósil andante, campea orondo en el arte contemporáneo.
Pero escapan a este condicionamiento las artistas, justamente por experimentadas y sólidas en la prosecución de sus búsquedas. Entonces Lacy Duarte trae sugerencias chamánicas mediante tres muñecas toscas y brujas que yacen sobre un paño trabajado con tierra, pasto, tiza. Una tiene un animal de poder en su interior, lleva pelo hecho con crin de caballo, y hay dos pequeños espíritus auxiliares que están atados a sus flancos. La representación es totémica e indígena en su espíritu, remite a todo un imaginario que Lacy trabaja desde la memoria de su niñez en Mataojo y también mediante la indagación profunda sobre sí misma, que deriva en una intuición afinada que dispara para realizar una obra personal y despojada de clichés. La instalación la completa una pintura que trae a una mujer, a la misma Lacy, pequeña e impertérrita entre corrientes de pinceladas terrosas, en el estilo de sus obras más despojadas de principios de la pasada década.
Margaret Whyte es otra artista grande, ¡y en volcánico crecimiento! Aquí encontramos un paño conformado con retazos de su historia personal vuelta textil; hay terciopelo, encajes, seda. Y la insinuación de un cuerpo zambulléndose en la tela, ya el torso hundido en lo hondo. La pieza tiene una experiencia brillante, sensual y, tras ella, algo nos enmudece.
Con una de las obras que más refieren al pasado del EAC, Ricardo Lanzarini invade las paredes con dibujos que, completamente libres, refieren a la opresión mediante la sátira de guardianes, burócratas y otros personajes tétricos y reconocibles. Luego una campana de acrílico que guarda una bandeja de masitas de confitería remata la instalación que lleva el título “… cómo llegar a las masas?”. Grafica y humoriza la factible preocupación de presos políticos que pasaron por Miguelete, acerca de cómo llegar a las masas populares para comunicar su versión de la realidad. Es una obra sagaz y que, pese a su referencia al enclaustramiento, trasunta soltura e independencia creativa. Algo que no ocurre, por ejemplo, en la instalación “Libertades personales” de Babino, Recoba y Contenti, que queda sujeta al encierro. Pero no a aquel temible de la vieja prisión, sino al nuevo que proveen los clichés del arte contemporáneo. Aquello aceptado y ya visto en cada ciudad del mundo desde hace años, entonces repetido sin empacho para situarse en coincidencia con previsibles tendencias actuales.
Es la libertad. La artística. Que puede ejercerse o no, en tiempos en los que casi nada escandaliza o es reprobado.
A esa encrucijada responde Yudi Yudoyoko en “Club Obsolom”, que cumple con la premisa de ser una celebración de ella. Un empapelado continuo, pletórico de caracteres, cubre una pared; la siguiente, en la que se sitúa la ventana con barrotes de la celda, aparece pintada de verde vivaz que de allí en más continúa hasta el final del recorrido; un sillón guarda una impresión de más dibujos y grafismos; y sobre la tercera pared, unos cuantos papeles terminan de representar un mundo fragmentado, intensamente individualista y a su vez integrador. Hay relaciones de personajes que recuerdan a los códices persas del 1500, aquellos preciosistas de la corte timúrida, y también al arte brahmánico. Cada detalle es autónomo y tiene una danza que danzarnos. Pero hay una totalidad que es abarcante y contiene una clave para una posible armonía post-todo. “Club Obsolom” es la libertad para cada deseo, hasta para aquellos que nos sujetarán de algún modo, como en el sadomasoquismo al que aluden varias imágenes, o también a aquellos que solo se completarán con la mirada del otro; que, como sabemos que anticipaba Sartre, es el verdadero infierno. Está a la vista en los últimos dibujos, en los que los personajes ya lucen estéticas y acabados más trash en la representación. Humor, erotismo, reflexión crítica y abandono de las convenciones, “Club Obsolom” representa a la libertad y toda su problemática del mejor modo: haciéndonos sentirla.

Visiones problemáticas acerca de la libertad y su ausencia aparecen en “Pasado / Presente”, la valiosísima selección de la colección de nuevos medios del Centre Pompidou que exhibe Telefónica.
La curaduría de Christine Van Assche apunta a obras históricas de artistas en muchos casos fundamentales en los últimos cincuenta años. Y varias de ellas coinciden en expresar cuestionamientos acerca de la vida actual y futura, en representarla atemorizante y abrumadora en la presencia de un Gran Hermano opresor. Gestadas a la sombra de la Guerra Fría, de la expansión tecnológica y de sucesivos episodios que fueron acentuando la preeminencia de una sensación de control sobre el individuo, estos trabajos están marcados por cierta visión desoladora acerca de la existencia humana actual.
Puede decirse que la muestra es continuamente referencial a los nuevos medios. En los términos de que es obra que no solo está realizada mediante tecnología propia de su tiempo sino que en muchos casos además refiere al mundo que se crea merced a su existencia. ¿Qué sueñan los androides?
En Telefónica, el recibimiento del antipático personal de la entrada ya instala una sensación de agobio. Mientras se interactúa con estas fuerzas de la naturaleza, primero el sonido y enseguida imágenes de la genial instalación de Tony Oursler que se despliega a lo largo del recorrido de la muestra se infiltran, lanzándonos de lleno a la percepción de una realidad angulosa y punzante.
Todas las obras que exhibe “Pasado / Presente” son de peso; en algunos casos debido a su lugar en el encadenamiento histórico enfatizado por la curaduría de Van Assche, en otros sin necesidad de tal basamento.
Pero es “Going round the corner piece” de Bruce Nauman la obra que señala con más sutileza este enrarecimiento de la realidad con el que no podemos sino acordar según la experiencia cotidiana. Y también la que contiene la llave, el pasaje de salida.
En ella damos con un cubo blanco. Su perímetro es recorrido por cuatro pasillos en cuyos extremos se sitúan televisores apoyados en el suelo. A medida que nos acercamos a cada tv, sus pantallas empiezan a registrar nuestro paso, pero aparecemos como surgidos de un interior del cubo y no del corredor por el que transitábamos. Tras voltear en la esquina, otra vez damos con nuestra imagen capturada por el siguiente aparato de tv situado enfrente nuestro, aunque tan solo por un momento: enseguida los pasos nos llevan a ser absorbidos nuevamente por el cubo, y seguimos recorriendo el espacio previsto sin que nuestra imagen sea captada por la tv sino al final, cuando de nuevo ya estamos muy cerca de ella.
Se crea la ilusión de un laberinto. Sin que haya condiciones arquitectónicas objetivas para que exista, tan solo la intención de hacer magia mediante el dispositivo que nos vuelve fantasmas, sospechosos frente a nosotros mismos. Y ése es un triunfo de Nauman; no hacernos sentir vigilados por un personal especializado y ajeno a nosotros, sino llevarnos a querer ser aquellos que controlamos nuestros propios pasos. Por curiosidad o desconfianza. Luego por asombro. En el recorrido que va revelándose iniciático, en la sucesión de fugas y desvanecimientos, se gesta un ritmo; una velocidad crucero para recorrer una y otra vez los cuatro pasillos con la mirada clavada en los monitores a nuestro frente. Es el surgimiento de un mantra, cuya cifra ondula entre la zozobra y la claridad extrema. Tras querer capturar la propia imagen aparece el entendimiento cabal del existir como una intermitencia.
“Going around the corner piece”, de 1970, entra así en el panteón de obras sublimes que trastocan mundos y establecen un nuevo punto de captación en quienes se permiten experimentarlas. Sujetos al misterio, sentimos la proximidad de nosotros mismos tornados fantasmas, nos aproximamos a percibirnos como sujetos de los films chinos de terror de los últimos años. Libres ya de la configuración que aporta la continuidad de la imagen propia.

EAC: Arenal Grande 1930, Montevideo.
Mi a S 14 a 20, D 12 a 16 hs.
Hasta el 19 de septiembre.

Pasado / Presente: Fundación Telefónica
Arenales 1540.
L a S 14 a 20,30 hs.
Hasta el 25 de septiembre.

 
Libertad, recorte de la obra de Bessio
 
EAC, nuevo espacio en Montevideo
 
Entrada de la ex-cárcel
 
Cómo sos tan lindo
 
Obra de Lacy Duarte
 
Textil
 
"...cómo llegar a las masas?", Lanzarini
 
"Club Obsolom", empapelado por Yudoyoko
 
Impresión sobre sillón, Yudoyoko
 
A la entrada de Telefónica, Tony Oursler
 
"Going around the corner"
     
 
     
  SUMARIO  
Año 1 - Numero 2
Tapa
Editorial + Staff
Lectores
Imágenes a ojo de kayak
Entrevista a Fabiana Ímola
por Dany Barreto
     
Producción fotográfica: Fabiana Ímola
por Alejandro Tosso
     
UNDERWORLD PVT
Sobre las suspensiones en privado de La Negra
por Guido Ignatti
     
Apocalipsis ya
Mauro Koliva en Vasari
por M. S. Dansey
     
Pasarelas de la sedición
Arte Latinoamericano en el MUSAC.
por Andrés Isaac Santana
     
Es la libertad, estúpido
EAC de Montevideo + Pasado | Presente en Telefónica
por Juan Batalla
     
Notas sobre notas (parte 2)
Sobre la página web: Tecnologías expandidas - Untref. Varios autores.
por Carlos Baragli
     
Calaveras y diablitos
Sobre el museo del Títere
por Mariano Soto
     
Fight the real enemy
Sobre confundir un final de fiesta con una obra
por Mariana Rodríguez Iglesias
     
Dr. Selva & Kid Yarará
Cómic
por Charlie Goz y Mari Bárbola
     
Foro de opinión
Federalismo
     
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